Mostrando entradas con la etiqueta Autor: Carlos Zanón. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Autor: Carlos Zanón. Mostrar todas las entradas

martes, 15 de junio de 2010

Madrid-Barcelona ¿Hay una capital de la novela negra?

Esta conferencia tuvo lugar el miércoles 9 de junio de 2010 a las 19:00 horas, dentro del ciclo “Encuentros en negro 2010 en la Besteiro” de la Escuela Julián Besteiro de Madrid.

Presentó y moderó: Paco Camarasa. Intervinieron los escritores: Juan Madrid, Jorge M. Reverte, Andreu Martín y Carlos Zanón.

Llegué un poco tarde y Paco Camarasa había concluido su presentación.

Estaba hablando Jorge Martínez Reverte que explicaba que los escritores de su época querían contar una realidad con un lenguaje sintético, muy trabajado pero con apariencia simple. Todos ellos estaban muy cercanos ideológicamente, mucho más que en la actualidad. Venían del antifranquismo, no había ni que hablarlo, era una obviedad.

En esta época sólo había dos ciudades: Madrid y Barcelona, con escenarios muy similares. Andreu Martín y Montalbán mostraban lugares parecidos a los que presentaban Juan Madrid o él mismo. Ciudades modernas y tétricas a la vez. Querían enseñarnos lo peor que producía el capitalismo: las calles hoscas, sucias y violentas de Juan Madrid, el Paralelo de Barcelona. Eran intercambiables en su sentido, no en su topografía, sabores u olores.

Andreu Martín no quiere discutir la capitalidad. Percibe que su ciudad ha tomado un protagonismo especial en la novela negra cuando viaja a Asturias o Andalucía.

Al decidirse a escribir, las ambientaciones de Raymond Chandler o Dashiell Hammett le parecían marcianas. Sus policías se comportaban de forma diferente, existían los detectives privados, comían distinto… era Marte y él sentía que no podría escribir de Marte.

Al leer a Simenon descubrió algo diferente: gente con boina, comiendo baguettes y bebiendo calvados, eso le hizo pensar que era posible otro tipo de escenarios. También Manchette era más próximo, habían viajado a París.

Vázquez Montalbán, Jaume Fuster, Manuel de Pedrolo iniciaron el camino. Detectives en 600 que no saben donde aparcar el coche. Nombres y apellidos familiares en policías, asesinos y víctimas.

Andreu escribe novelas situadas en Barcelona porque es su ciudad, pero no escribe de Barcelona. Introduce verosimilitud situando las historias en lugares reconocibles, en las calles por las que camina, donde pasan las mismas cosas que suceden en “las ciudades”. Siente lo mismo al leer a Juan Madrid, no piensa en Madrid como tal. También ha ambientado novelas en Gijón, Venecia o Madrid, pero para ello ha tenido que documentarse, conocer la ciudad.

Menciona que es muy común que los habitantes de Madrid te digan “aquí nadie es de Madrid”. Sin embargo en Barcelona, todos son de Barcelona, aunque no hayan nacido allí.

Paco comenta que en algunas de las novelas de Andreu Martín Jorge Reverte aparece como protagonista y Juan Madrid como camarero.

Camarasa presenta a Juan Madrid como al autor que hizo que mucha gente conociera Malasaña en los 80 gracias al personaje de Toni Romano, que luego viajaría a Marbella y Nueva York.

Juan Madrid cuenta que fue camarero en un bar de Algeciras, de ahí la broma de Andreu. A él mismo le censuraron una novela en la que Juanjo Millás hacía de camarero, aunque al autor no le importara. A veces saca a camareros de verdad para que le inviten a copas.

Como ha explicado Reverte, se siente parte de la primera generación post-franquista. Vázquez Montalbán y Pedrolo eran mayores que ellos. Eran periodistas, de una prensa diferente a la de ahora. Manejaban un discurso único de libertad. Fueron testigos de un momento especial: la legalización del PCE, el pacto…

Comenzó como botones en Alfaguara y cuando se planteaba escribir pensaba en el qué y el cómo. Por ideología proviene de una literatura intervencionista, que tiene que intervenir en la historia, no como panfleto, no como la escuadra y el cartabón del estalinismo soviético del realismo socialista sino como en el socialismo de los años 20. La escritura es para él un pacto con el lector, no una cuestión de mercado.

Quería contar la realidad que conocía como periodista. Tenían mucha información, dossieres de los servicios de contrainformación, elaborados por policías que conocían secretos de cintura para abajo y para arriba de gente muy importante.

Quería escribir rompiendo el código, no como Carmen Laforet (criticada en la época por Semprún) o como el Cela de Pascual Duarte. Quería presentar una historia que no contaba nadie, combatir, como Sartre, los discursos únicos, romper la versión oficial de la realidad.

La novela policíaca le ayudó, él era un mestizo de la cultura universitaria y el barrio bajo. Conocía a Agatha Christie, Poe, Conan Doyle, pero allí no podía encontrar los códigos que necesitaba. En 1976 leyó “Cosecha roja”, que mostraba el modelo de corrupción que se daba en el periodismo. Jim Thomson, Manchette y otros le proporcionaron los códigos para hablar de la lucha de clases sin escribir panfletos. El autor piensa que para las generaciones actuales no existe la lucha de clases, aunque sean bienintencionados no alcanzan a entender episodios como el 23-F.

Huía de una literatura ensimismada, de aquellos que pregonan el fin de la historia o el final de la función del arte y del intelectual. Menciona el libro “La CIA y la guerra fría cultural” de Saunders. La CIA creo un departamento para acabar con el realismo socialista y su modelo de literatura comprometida e intervencionista. Juan Madrid no piensa que los fenómenos suceden porque sí, se dirigen mediante becas, subvenciones… ahora mismo no hay profesores que reclamen este tipo de literatura.

Aunque no todos los escritores de novela negra están en el mismo saco, muchos críticos de la sociedad se han refugiado en ella. Forman parte de un grupo que quiere mostrar la relación entre el suelo y el subsuelo, la gran mentira de la sociedad capitalista.

Paco Camarasa dice que falta gente en esta mesa en la que quería conectar con esta generación de escritores. Quiere saber como han evolucionado estas ciudades que mostraban los autores en los años 70 y pico. Pedro de Paz ha evolucionado el Madrid de Reverte y en Barcelona ha surgido una sorpresa, Carlos Zanón, que ambienta sus novelas en las mismas calles que González Ledesma o Montalbán. “Tarde, mal y nunca” finalista del Memorial Silverio Cañada, es su primera novela y trascurre en 24 horas en una ciudad enloquecida.

Carlos Zanón se siente como el paje de los Reyes Magos rodeado de los autores que tanto admira. Cree que han creado artefactos literarios que funcionan muy bien, que han aguantado el paso del tiempo. Cuando murió Franco él tenía 7 años y leyó a Andreu en el instituto.

Piensa que hay dos maneras para escribir sobre Barcelona, hacerlo como Marsé o no. El quería hablar de su ciudad, pero no de la que muestran los periódicos o la televisión, sino de la que el conoce. Cree que no se puede hablar de integración cuando tu hijo estudia en un colegio de privilegiados donde la única chica china es la hermana de un amigo. Para hablar de integración hay que vivir en el terreno.

La novela negra o social permite meter el dedo en el ojo, lo de menos es el asesinato, lo que importa es la sociedad, por qué hacemos las cosas.

El comenzó escribiendo poesía. Admira a Patricia Highsmith, una mujer un tanto marciana, que hablaba de psicología y de como pensaban los personajes. Cree que hay que hacer que un libro ande, ofrecer un producto que funciona a la persona que lee.

Cree que en Barcelona no se preguntan quienes son porque se lo han preguntado tantas veces que ya les da igual, han claudicado. Tienen una doble, triple o cuádruple vida. Barcelona es la ciudad del disimulo, con una burguesía que sigue siendo ella misma, como una casta, como si no pasara nada a su lado. Hay que salir a la calle para verlo y escribir para mostrarlo y la novela negra es su vehículo preferente.

Reverte comenta más adelante que no está de acuerdo con Carlos, piensa que experimentos como el Forum demuestran que se siguen buscando a sí mismos.

Juan Madrid interviene para decir que hay más novela policíaca en Barcelona por su desarrollo anterior, su burguesía y centros industriales. En aquella época Madrid era poco más que una alquería manchega.

Paco Camarasa abre el turno de preguntas y una mujer catalana del público les pregunta si creen que Barcelona ha cambiado después de los juegos olímpicos.

Andreu Martín cree que sí, que existe una Barcelona contenta y feliz que descubrió el mar. Su ciudad se ha desarrollado gracias a sus ferias y congresos. Las exposiciones universales de 1888 y 1928, los juegos de 1992, la han transformado. Todo lo que se construyó se supo aprovechar. Algunos pensaban que la Villa Olímpica sería un fracaso como las que se construyeron en otros juegos, terrenos baratos que luego se convertían en guetos. Maragall arriesgó: contrató arquitectos y diseñadores modernos y ganó: entregó el mar a la ciudad.

Reverte bromea diciendo que así no se puede escribir novela negra, no soporta estar con catalanes y llevarse bien. Para remediarlo se pone a hablar de fútbol y dice que el Barça sólo tiene 3 copas de Europa más que el Almería, pero no consigue enfadar a sus amigos. Le divierte la discusión amigable y detestable entre barceloneses y madrileños. Cuenta que una de sus novelas trascurre durante la guerra civil en Barcelona (Triple Agente) y en “Gudari Gálvez” su personaje visita la ciudad en la época del Forum.

Zanón está de acuerdo en que el Forum de las Culturas fue un desastre y sonríe al hablar de los próximos Juegos de Invierno. Cree que Barcelona se ha convertido en un parque temático para los turistas. Los juegos olímpicos crearon una marca, una ilusión, pero para ellos esta imagen a veces resulta antipática.

Juan Madrid cree que estos eventos ejercen la misma función que los auto sacramentales: dejar a la gente fascinada por lo que ven.

Paco Camarasa comenta que efectivamente los juegos marcaron un antes y un después. No es la misma la Barcelona del Montalbán de “Los mares del sur” o “La soledad del manager” que la de “El hombre de mi vida” ni la del Méndez de “La dama de Cachemira” o “Crónica sentimental en rojo” con la de “Una novela de barrio”.

Enrique Bienzobas, que está entre el público, explica que indudablemente la novela negra está ligada al desarrollo industrial pero quizás sólo tiene cierto sentido hablar de capitalidad. Revindica al santanderino Julián Ibáñez, a Plinio, el personaje de Tomelloso, a Alejandro Gallo de Asturias, a Antonio Lozano de Murcia o a Mariano Sánchez Soler de Alicante. El vive en Madrid, cerca de Vallecas y cree que las ciudades están cambiando, antes la gente vivía hacia afuera y ahora se encierran en urbanizaciones con piscina y jardín.

Otro Enrique del público revindica al Luis Leante de “La luna roja” y a Lorenzo Silva.

Otra persona menciona las series de televisión "Brigada Central" de Juan Madrid y "Pepe Carvalho", cree que eran similares y que hoy hay más matices.

Jorge Reverte, a quien le aburren los tópicos, cree que en cada escritor hay un individuo que disfruta escribiendo o haciendo footing, no sólo un grupo que lucha.

Camarasa comenta que Reverte, Juan Madrid, Fernando Martínez Laínez, Andreu Martín, Ledesma, Montalbán fueron periodistas en un momento especial. Jaime Salinas relanzando Alfaguara en Madrid, el exilio cultural afincado en Barcelona y el político en Madrid.

En Madrid no hubo un relevo generacional, en Barcelona Pedro Casals.

Jorge Reverte comenta que había hablado de Sofico desde las páginas del Doblón y Cambio 16 en 1974, pero no podía contarlo todo, no solo por la censura sino por las implicaciones de personas importantes del régimen. Era una época de números secuestrados de revistas, amenazas de muerte, multas. Escribió su primera novela para mostrar una realidad que no había salido a la luz.

Una persona que forma parte de un taller de literatura les pregunta por los personajes que les inspiran. Reverte le aconseja que se inspire en ella misma y luego lo cambie totalmente. Paco Camarasa cree que un taxista puede dar mucho juego, aparecen en las novelas pero nunca las protagonizan.

Alguien pregunta a Paco cuando escribirá una novela y él contesta que nunca, cree que su novela es la mejor porque puede escribir de cada autor. Andreu dice que Paco Camarasa ha leído todo lo que se ha escrito de novela negra, es capaz de hablar durante horas de cualquier libro o autor sobre el que se le pregunte.