martes, 29 de mayo de 2018

Ernesto Trevejo - Luis Roso

Ernesto Trevejo de Inspector e Primera de la Brigada de Investigación Criminal del Cuerpo General de Policía. Trabaja en la Puerta del Sol en Madrid.

Tiene 34 años, cuerpo de lapicero, rostro imberbe. Viste traje oscuro y camisa, corbata granate a rayas.

Nació y se crió en un pueblo de Cáceres, se trasladó a Madrid con 13 años. Vive en un apartamento que heredó de su tía en el cruce de Fuencarral con Gran Vía. Mantiene relaciones con una mujer casada de la alta sociedad. Su ambición es subsistir con relativo desahogo.

Bebe Fundador, fuma Tritones, desayuna café con porras o mojicones. Come arroz con perdiz, entresijos con patatas, sopa de pan y huevos duros o caldereta de cordero.

Es un buen investigador que realiza su tarea apoyado en sus confidentes. Inteligente, cuenta con la confianza de sus superiores pero también sabe cuando hay que callar y asentir y esperar a que vengan mejor dadas. Obtuvo una medalla al mérito policial.

En "Aguacero" Ernesto es enviado a Las Angustias, un pueblo de la sierra donde se está construyendo una presa, a investigar la muerte, extraordinariamente cruel de dos guardia civiles y el alcalde y su mujer.

Comentario personal

"Aguacero" es una novela amena que se desarrolla en los "años duros" del franquismo. El autor no entra en consideraciones políticas ni en juicios de valor, intenta mostrar las cosas "como son". La sensación de opresión y grisura es agravada por el "aguacero" permanente. El protagonista se hace querer pese a no ser un dechado de virtudes. Hay un pequeño guiño a los protagonistas de Silva (V. Chamorro y R. Bevilacqua) en los nombres de los dos guardia civiles asesinados (Victor Chaparro y Ramón Belaqua).


Libros de Ernesto Trevejo

  1. Aguacero, 2016
  2. Primavera cruel, 2018







El autor

Luis Roso nació en Moraleja, Cáceres, en 1988.

Es licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Salamanca, en Filología Inglesa por la Universidad Autónoma de Barcelona y posee un máster de Literatura Española e Hispanoamericana por la Universidad de Salamanca. Trabajó como camarero o en campañas agrícolas, actualmente trabaja como profesor de secundaria en la Comunidad de Madrid.

Publicó su primera novela, Aguacero, en 2016.

Web del autor: luisroso.wordpress.com

10 comentarios:

Alice Silver dijo...

Del Cajón de sastre:

CREUSSA dijo...
Curioseando por ahí he encontrado otro personaje para añadir al listado pendiente. Es el inspector de policía en los años 50 Ernesto Trevejo, autor Luis Roso. La primera novela "Aguacero" es normalita, para algún trayecto en metro y poco más. Pero bueno, se deja leer. Se acaba de publicar la segunda novela del protagonista.

23 de febrero de 2018, 8:42

Harry dijo...

Hola a todos:
yo la disfruté. Me gustó la falta de política, a pesar de que le habría dado un punto, pero reconozco que dejó sólo lo policial; la segunda, en cambio, me costó más.
No hay mucha novela negra ambientada en estos años, tabúes en España, y creo que ya es hora. Claro que están Rosa Ribas y Sabine Hoffmann, ahora que lo pienso...

Megan Barrow dijo...

Harry, tú y yo hemos leído novelas diferentes.
Para mí, las dos novelas, exudan política.
En la primera:
Desde los muertos en las cunetas, aprovechando la situación política, el ingeniero austriaco/alemán, el empresario franquista, el exigencia de sigilo (en aquellos tiempos esas cosas no pasaban), el represaliado comunista, los obreros explotados y luego despedidos por quejarse, el primer detenido por... ¡Caramba! El asesinato de dos guadias civiles. Y el insuperable pantano que no podía faltar.
Todo eso es política, según mi humilde modo de ver.
Y la segunda: Otros temas pero la política está, protagonistas, vivos y muertos de PCE, etc. etc.
En cuanto a opinión sobre las novelas, la primera es entretenida, y sí estupenda para leerla en el metro, bus, o donde fuere.

La segunda, un tanto más floja, para mí, bastante más floja y, en mi opinión, el autor le ha echado demasiada imaginación, y ha tenido poco cuidado con el lenguaje.
Porque poner en boca de un guardia civil, en la frontera de Huesca, Zaragoza y (ahora) Lleida, entonces Lérida, que acaban de estrenar su primer Jeep.

-Hay un tren para Madrid a las once. Llamaré para reservarle dos sleepings. Mañana a primera hora estarán de vuelta.

En aquella España, con suerte hubiese dicho: dos billetes en un coche cama y con muchísima suerte y gran dominio del medio.. "Wagon Lits" que era la empresa que alquilaba a RENFE los coches cama.

Se podía seguir, pero lo del sleeping me ha parecido impagable.


Alice Silver dijo...

Yo estoy de acuerdo con Megan en que todo es política, si bien, y quizás a eso se refiera Harry, hay que agradecer al autor que no haga un discurso sobre ello, que lo muestre como un marco...

Sobre el término Sleeping, Megan, comenta el autor que lo ha sacado de una novela de los años 50, quizás fuera habitual en la época.

Megan Barrow dijo...

Pues no, Alice, no era normal en la época, antes de poner los deditos aquí, ya había preguntado a un par de personas una de unos 80 años, y otra de 89, que además esta última había viajado en "coche cama" a Madrid, en su viaje de bodas, allá por el 57.

Y dado que en el año 72, que fue la primera vez que vine a España, acompañando a una amiga que tenía que hacer un trabajo sobre un cuadro del Museo del Prado, y no había forma de encotrar a alguien que supiese dos palabras de inglés, imagino que en el 56 mucho menos.

Como dijo Zapatero un día, aquí eráis más de francés, aunque la verdad es que tampoco había mucha gente que se "apañase" en francés.

Esto me llevó a pensar que un sargento de los civiles (con todo respeto) que, en aquella época, habría terminado la escuela, entrado en el Cuerpo, y recalado en un puesto perdido en los confines del país, no le veo yo muy puesto en inglés, al igual que no lo veo resolviendo problemas con derivadas, y menos en una forma que difícilmente se podía dar por aquí, la empresa se llama Compagnie Internationale des Wagons-Lits en inglés, International Sleeping-Car Company,

Pero lo que aparecía en los vagones era la forma francesa, con escudo y todo.

De los desarrollos de los personajes habría mucho que comentar, pero la verdad es que no tengo ganas de enredarme en eso.

Alice Silver dijo...

Jajaja, pues para no tener ganas de enredarte... Yo francamente no sé si estaba en uso o no en los años 50 ni en qué clases sociales, pero sí te puedo decir que he encontrado referencias a "sleeping car" en la novela de Benito Pérez-Galdós "Lo prohibido", en "La espuma" de Armando Palacio Valdés y en Pio Baroja. Puedes hacer una búsqueda en Google Books.

Megan Barrow dijo...

Con lo de enredarme me refería era a analizar a los personajes, especialmente al del protagonista.

Pero esto es para darte la razón.
Es muy cierto que puedes encontrar en estos autores, y puede que en otros, lo de sleeping-car, pero eso en en la España anterior a la Guerra Civil.

Tanto Galdós como Palacios Valdés mueren antes del fin de la guerra, y si bien Baroja sobrevive, no publica nada o casi nada, entre el 39 y el 56, año en que, creo, murió.

A lo que me refiero, es que la España ilustrada y viajada de finales del s. XIX y del XX hasta la guerra, desaparece. Se sumerge en las... iba a decir cloacas del poder, pero mejor decir que o sale desterrada o queda silenciada, y en otros casos muerta.
Es impresionante como la incultura, al grito de Millán Astray: !Viva la muerte, muera la inteligencia!, se convierte en una realidad en la sociedad española, según me han contado, de los 40 y 50, y, al menos, gran parte de los 60.

En fin que el miedo guardaba la viña, que muchas cosas, la misma familia, te prohíbia decirlas en el calle, que para los franquistas, la cultura cuanta menos mejor, que los idiomas no se potenciaban, porque ya se sabía que los extranjeros éramos unos libre pesadores que abominábamos de los valores eternos (fuesen estos los que fuesen), y que los garantes primarios de ese estado de cosas eran tanto la Policía como la Guardia Civil.

Así que no, no le veo a un sargento de los civiles de los años 50, ni leyendo a Pérez Galdós, ni a nadie de su tipo, ni diciendo sleeping, que no sleeping-car. ;-P

Tengo que decir que también me dejó O-O el que, en la segunda novela, la gente hablase en catalán delante de la policía y los civiles, y allí no pasase nada. Es más que Trevejo, que nació en Cáceres y luego se fue a Madrid, les respondiese cuando le hablaban catalán como si lo hubiese mamado, eso sí, respondía en castellano. Y hay más de esas cosas que te han pasártelo bien, entre asombros e incredulidades. Pero entretiene, todo hay que decirlo.

Alice Silver dijo...

Me admira cómo conoces la historia de España y cómo veo que la vives y te duele Megan...

En cuanto al catalán, creo que si no hablan muy rápido no es muy difícil entenderlo y es posible contestar...

José María dijo...

Cayó en mis manos,de casualidad, este verano Primavera cruel, y tengo que decir que me la leí del tirón, me entretuvo, me pareció muy ágil, buenas historias, y resoluciones muy interesantes. Me gustó el que una historia tenga varios niveles de solución. También me chocó lo del sleeping… pero no pasó de un fruncimiento de cejas... ciertamente no hay un gran discurso sobre política, pero entre los propios pensamientos del prota, y usando la técnica de McClure, que no cuestionaba el régimen del apartheid directamente pero nos mostraba realidades que dan el signo de aquellos momentos, me parece que el autor pinta brillantemente el escenario de una dictadura que tenía duramente sometida a la población.
No sé si es por descuido, pero tiene el mal gusto de quitarse de en medio secundarios que prometían de futuro.
Después me puse con la primera, Aguacero, que me costó un poco cogerle el tranquillo, pero la resolución final, alrededor de como se usaron con fines particulares las matanzas bajo el paraguas político, me pareció un gran argumento muy poco utilizado en la novela negra nacional.
Y ambas novelas están escritas más que correctamente, lo que es tan poco habitual en las novelas españolas que hace que espero que este autor siga sacando libros, pues creo que del protagonista y sus circunstancias policiales en unos años tan siniestros hay mucha tela que cortar.
El uso de un policía del régimen que no es un canalla ni un lerdo fascista, no es nuevo. no sé si recordáis las novelas del comisario Bernal, de David Serafín, que se inician en plena Transición, y muestran a un policía de la brigada criminal, que como a Trevejo, le repugnan los métodos de sus colegas de la político-social.

Alice Silver dijo...

Gracias por tu opinión José María... me encanta Bernal de David Serafín aunque sus casos se sitúan en una España posterior como comentas... sería similar al Hilario Soler del Sierra i Fabra. Creo que el más cercano en el tiempo sería Arturo Andrade de Ignacio del Valle...