Mostrando entradas con la etiqueta Autor: Antonio Muñoz Molina. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Autor: Antonio Muñoz Molina. Mostrar todas las entradas

martes, 2 de noviembre de 2010

Getafe Negro III - Vine a Madrid para matar a un hombre al que no conocía...

Esta conversación tuvo lugar el viernes 22 de octubre de 2010 a las 20:00 horas en el Centro Municipal de Cultura de Getafe.

Antonio Lozano presenta a Antonio Muñoz Molina. Aunque no es un autor específico del género negro, algunas de sus novelas: "Beatus Ille", "El invierno en Lisboa", "Beltenebros", "Plenilunio"... pertenecen a este género. También "En ausencia de Blanca" tiene toques de novela policial. Su obra actual constituye un esfuerzo por explicar la historia de España.

Lozano comienza preguntando: Como lector, ¿qué autores y libros le ganaron para la novela negra?
Muñoz Molina agradece la presentación y a Lorenzo Silva la invitación que dice haber aceptado por falta de carácter y por amistad.

Hay dos libros que le marcaron: "Diez Negritos" y "El conde de Montecristo". Y las novelas de kiosco que se vendían e incluso alquilaban, novelas de espías y policías con nombre anglosajones: Peter Kapra... que escondían escritores españoles, en algunos casos republicanos represaliados que no podían escribir con su propio nombre y se ganaban así la vida. También el semanario "Siete fechas" versión culta de "El caso", su padre le mandaba a comprarlo y a él le fascinaba tanto como el tebeo "Aventuras del FBI". Más tarde descubrió la novela clásica policial americana: Chandler, Macdonald y Hammett, a quien conoció por un ensayo de Cernuda.

¿Qué hay en sus novelas del género policial?
Ya en su primera novela "Beatus Ille" utiliza el género policial. En una primera obra se busca una estructura narrativa y el misterio es la estructura perfecta, te empuja a escribir. Imita una novela inglesa de casa cerrada con un grupo de sospechosos. También sigue el esquema de Ross Macdonald: aparece un cadáver y el detective tiene que buscar al culpable, pero el muerto "vuelve". Es una idea que también utiliza Conan Doyle, un marco racional con una parte fantástica. El mejor ejemplo es "Laura".

En "El invierno en Lisboa" utiliza más el thriller ambulante, tipo "39 escalones", los personajes "corren". Le faltaba un pretexto para disparar la trama y lo encontró en un cuadro de Cézanne.

Antonio Lozano comenta que Muñoz Molina pone mucho mimo en la ambientación, el color de una maleta... es muy pictórico.
El autor dice tener una imaginación muy visual, necesita poder imaginar más los sitios que los personas. Por ejemplo mucha gente supone en "El invierno en Lisboa" que el músico era negro y la chica rubia, pero él no lo menciona en ningún momento. También tiene que ver con la traducción visual del cine. No muestra la cara del personaje, pero sí donde está.

En esa época trabajaba en la delegación de cultura del Ayuntamiento de Granada. No había estado nunca en Lisboa y aunque utilizaba un narrador que no sabía de música ni conocía Lisboa decidió acercarse un fin de semana porque estaba bloqueado. El viaje le permitió visualizar la segunda mitad del libro. En su viaje pasó por un acantilado y recordó las palabras de Hitchcock: Los acantilados están para que la gente se caiga por ellos, pensó que era un buen lugar para deshacerse de un cadáver... pero volviendo de Cascais en tren decidió que era mejor tirarlo desde el espacio que hay entre los vagones. Le impresionó el elevador del Rocio, construido por un discípulo de Eiffel, y aparece en su novela. También el nombre de un bar está inspirado en una zona portuaria con sitios de mala muerte de nombres exóticos.

Lozano pregunta por sus referencias cinematográficas.

Releyendo la novela para una traducción me sorprendió lo mucho que fumaba la gente… Hay mucha gente que atribuye al autor los vicios del personaje, pero no sus virtudes. Muchos le preguntan si fuma, pero nadie supone que toque el piano.

"El tercer hombre" le inspiró la ambientación de "El invierno en Lisboa", los terraplenes, la gente corriendo. En "Beltenegros" el modelo es más de espías que policial, tipo el Smiley del primer Le Carré: "El espía que surgió del frío".

¿Por qué le sienta tan bien el saxo al cine negro?
El jazz se asocia a la mala vida. En este cine de estereotipos y arquetipos suele haber un protagonista bueno, que suele tener una novia buena, pero sin atractivo sexual evidente. Es tentado por el mal en forma de una mujer que fuma. En "Deseos humanos" de Fritz Lang, suena música de cuerda cuando salen los buenos y jazz cuando aparece la mala.

En "El invierno en Lisboa" comenzó siendo contada por el pianista, pero luego optó por un narrador que no supiera de música para no caer en la pedantería musical que había observado en algunos pasajes de Cortazar. Quería que el lector se pudiera identificar con él.

Lozano menciona una frase de esta novela "Tenía una historia porque tenía un revolver". Muñoz Molina dice que la frase se le ocurrió de pronto y que tiró para alante con ella.

En "Beltenebros" aparece un Madrid lleno de lluvia, turbio, rufianesco...
Su Madrid era tenebroso porque lo conocía poco. Describe con bastante detalle los alrededores de la Estación de Atocha porque era la zona donde paraba en sus viajes. Más allá de Antón Martín comenzaba la oscuridad. Conoció el cine Barceló (ahora Pachá) y en su novela aparece un cine estilo Art-Decó inspirado en él.

En "Los misterios de Madrid", una novela por entregas, hay más precisión geográfica, pero limitada. Su primera casa en Madrid estaba cerca de Puerta de Toledo e iba por la ciudad fijándose en lo que veía, imaginando tramas. Hace una broma con su propio trabajo, hay un personaje que no sale de las Vistillas que habla de un paisano suyo: Antonio Muñoz Molina. El café Central le inspiró el café Metropolitano de Lisboa.

¿Si hicieras ahora una novela negra sería diferente?
Muñoz Molina siempre tiene la esperanza de que se le ocurra la novela perfecta, la única que conoce es "La llave maestra" de la japonesa Masako Togawa. Borges dice que la novela de misterio siempre acaba frustrando: el misterio es divino y la solución humana. También lo dice Chesterton: la revelación del misterio nunca estará a la altura del misterio. Es lo que ocurre con "Perdidos", los guionistas crean misterios sobre misterios para atraer la atención, pero luego tienen que "pagar" con la solución.

Las novelas de cuarto cerrado le atraen muchísimo, como "El cuarto amarillo" de Gaston Leroux o algunas novelas de Dickson Carr, pero dejan fuera lo real.

¿Estás enganchado a alguna serie?
Vió "Los Soprano" en tiempo real, mientras vivía en EEUU. Tiene un sistema narrativo sobre el que se debería reflexionar más. Si "El anillo del Nibelungo" de Wagner dura 15 horas, "Los Soprano" son muchas más, los capítulos terminan pero la serie continúa tras cada uno de ellos. Retrata la vida. Lorenzo Silva y él estuvieron con Joyce Carol Oates y comentaron que el arte americano es local y documental. También lo son "Los Soprano", un retrato detallado y preciso sobre como es la vida en una zona de Nueva Jersey.

"The Wire" le parece perfecta, pero demasiado técnica, le falta la dimensión poética, es implacable. Prefiere leer un libro de no-ficción sobre esa temática.

A veces se siente culpable cuando se tira toda una tarde del domingo viendo series.

¿En EEUU se vive la novela negra de un modo diferente?
Fuera de España la literatura negra está separada de la literatura normal. Mientras aquí todo está mezclado, hay más porosidad, en otros países los géneros están más tipificados. Ni Raymond Chandler ni Simenon están en la sección de literatura. Y Patricia Highsmith no es contemplada con tanta admiración. En el suplemento literario del New York Times no suele aparecer novela negra entre las críticas literarias.

En tus novelas te has acercado a la Guerra Civil, ¿ves la novela negra adecuada para acercarte a los hechos históricos?
Ya lo hicieron Sófocles en "Edipo Rey", Juan Marsé en "Si te dicen que caí" o "Ronda del Guinardó" o Eduardo Mendoza en "La verdad sobre el caso Savolta". Simenon hace novelas de personajes tan sólidos que superan a otros novelistas de su generación. Sólo hay que sacrificar una parte de la historia a la forma.

En "Beltenebros" quería hacer una novela para hablar de la resistencia antifranquista y mostrar la paradoja de aquellos que seguían consignas de personas que no sabían lo que pasaba en España. Tal como cuenta Jorge Semprun que le ocurrió cuando llegó a España, vió un país distinto, donde la gente disfrutada, lejos de las consignas.

"Plenilunio" te exigió más documentación sobre técnicas forenses…
Sí, es bastante posterior, no es tanto una novela policial como una novela con un policía. El asesino se conoce pronto. Está inspirada en un crimen que sucedió en Granada en 1987, él la escribe en 1995 y tiene que respetar la intimidad de las víctimas pero sin perder la verosimilitud. La riqueza de lo real es más atractiva que los estereotipos del género. Habló con el policía que investigó, con el fiscal, el abogado defensor... manejó mucha documentación y descubrió el respeto que hay que sentir hacia lo real. Cuando preguntó al policía por qué se cebaban con mujeres y niñas, éste simplemente respondió “porque son débiles”. Actualmente ha dejado de interesarle el género en sí y le interesan más la narración, el género periodístico y los libros de investigación.

¿Hay algo más que te llamara la atención de la investigación policial real?
El método deductivo del género policial no es real, la mayor parte de los casos se resuelven por chivatazos. También la calidad del trabajo de los policías, el modo en que han vencido al terrorismo... no gozan del reconocimiento público que se merecen, han tenido poca compensación por su esfuerzo, faltan muchas historias por contar. Venimos de una generación que ve a la Policía y la Guardia Civil como al enemigo, todavía ven un coche de policía y se asustan.

Antonio Lozano abre el turno de preguntas al público y Lorenzo Silva toma la palabra. Agradece a Muñoz Molina que se dejase convencer, no cree que sea por falta de carácter sino porque tenía mucho que decir. Le agradece especialmente la referencia al trabajo de las fuerzas del orden.

Le acompaña en el sentimiento de envilecimiento que le envuelve cuando se ha tirado toda una tarde viendo series. Cree que la secuencia final de "The Wire" es poesía pura y le recomienda "Breaking Bad", la historia de un profesor de química que se convierte en un proveedor de metaanfetamina. Comenta que en ambas series se renuncia al artificio de la intriga. En "The Wire" en el primer capítulo sabes lo que va a pasar el resto de la temporada. Personalmente cree que el acertijo está gastado ¿hay que preservarlo a toda costa? El ha renunciado a sacar el conejo de la chistera y algunos se lo han reprochado en su última novela.

Muñoz Molina comenta que nuestro cerebro está programado para buscar el orden. Nos impactan las historias que no terminan, como la desaparición de Madeleine. El llamado "monstruo de Florencia" fue un asesino en serie que a finales de los 70 y principio de los 80 mató a 18 parejas de novios que en esa época buscaban la intimidad en sus coches. Para evitar la mala publicidad y sus consecuencias en el turismo el caso no se divulgó y terminó sin resolverse.

Una persona del público pregunta si cree que el asesinato de Marta del Castillo inspirará novelas o películas. A Muñoz Molina le preocupa la emulación, el efecto tóxico, la violencia frivola de algunos jóvenes.

Antonio Lorenzo pregunta si hay intrigas en la Academia de la Lengua o en el Instituto Cervantes. El autor recuerda "Asesinato en el Comité Central" de Vázquez Montalbán.

Una persona del público le agradece que en "El invierto en Lisboa" optara por una persona que no sabía de música en el papel de narrador, que se ponga en el lugar del lector.

Muñoz Molina cree que la literatura es una democracia casi perfecta y el arte impenetrable un artificio. Las grandes obras universales están hechas para todo el mundo. A él personalmente le aburre Dostoievski pero le gusta Tolstoi. Mientras algunos se quejan de que se lee poco, otros se empeñan en hacer una literatura hostil a las personas. Cuando viaja en el metro de Madrid observa a más gente leer que en el metro de Nueva York.

Lammermoor también estuvo allí y lo cuenta aquí y aquí.